En pocas provincias españolas –por no decir en ninguna–, los medios de producción se encuentran tan expuestos como ocurre en Almería. La riqueza de la comarca del Poniente no se guarda en el interior de fábricas construidas con sólidos ladrillos, sino que descansa entre simples plásticos. Y no estamos hablando de unos cuantos invernaderos, sino de decenas de miles, a los que se accede por una extensa e intricada red de caminos rurales. A este insólito paisaje hay que sumarle, además, la existencia de numerosos núcleos de población de mediano y pequeño tamaño, junto a otros dos que, por su envergadura, son verdaderas ciudades: Roquetas de Mar y El Ejido.