sábado, 24 de junio de 2017

Una derecha en modo turista

Desconozco si el líder del Partido Popular en Andalucía dejó que se consumiera en las tradicionales hogueras de la pasada noche de San Juan toda la demagogia que impregna su discurso. Hubiera sido un noble acto para sí mismo, su partido y nuestra comunidad, que se desprendiera en Almería de esa insufrible veleidad que le acompaña en todo cuanto dice o hace. Reconocer los errores, las mentiras y su falta de coraje a la hora de enfrentarse al Gobierno de Rajoy, sería un primer paso que le otorgaría cierta credibilidad. No mucha, pero algo más de la que tiene ahora, que es nula.

Cuesta mucho trabajo entender cómo alguien que es incapaz de defender los intereses de nuestra tierra puede aspirar a representarla, pero ahí le tienen, ofreciéndose como aspirante a solucionar los problemas de Almería y Andalucía a pesar de haber sido colaborador necesario en el castigo, el abandono y el olvido por parte del Gobierno del PP hacia una provincia que tiene tantas carencias como la nuestra en asuntos de vital importancia como el empleo, el agua, el ferrocarril o la energía.

Estaría bien que quien aspira a todo en Andalucía, fuese capaz de explicar cómo permite que nuestros agricultores, por decisión de Rajoy, paguen el agua desalada a un precio más alto que los de Murcia o cómo mira para otro lado cuando el Gobierno de España maltrata a Andalucía y, muy especialmente a Almería, en los Presupuestos Generales del Estado. Rajoy, tal y como ha criticado toda la sociedad almeriense, ha decidido retrasar dos años más las actuaciones en el Corredor Mediterráneo, que acumula ya cinco años con las obras paradas, y ante semejante desplante Moreno Bonilla no ha dicho ni esta boca es mía. Tampoco ha comentado nada sobre que el Gobierno central no destine ni un solo euro a nuevas infraestructuras hidráulicas que calmen la sed de nuestro campo.

Sería deseable que Juan Manuel Moreno Bonilla, al menos, dejara de justificar que se le niegue a nuestra Comunidad un Plan Especial de Empleo o que se pusiera de lado del Gobierno andaluz para evitar que siga pagando a pulmón el 80 % de la Ley de Dependencia, cuando solo debería de hacerse cargo del 50 por ciento tal y como establece la normativa. Con la otra mitad, es preciso recordar, no cumple el Estado desde que Rajoy llegó a La Moncloa.

Esta Ley, que le ha devuelto la dignidad a decenas de miles de personas, supuso un revulsivo sobre todo en el mundo rural, fijando la población en los territorios y favoreciendo el acceso al mercado laboral de la mujer. En ese contexto, hay que recordar que Moreno Bonilla, como Secretario de Estado de Servicios Sociales e Igualdad entre diciembre de 2011 y marzo de 2014, ejecutó los mayores recortes de la Ley de Dependencia desde el Ministerio que dirigía en ese momento Ana Mato.

Llegados a este punto, el máximo responsable del PP en Andalucía tendría que decir alto y claro si está de acuerdo con que las cuidadoras de familiares dependientes - unas 5.000 en Almería - recuperen el derecho a la cotización de seguridad social que él mismo eliminó en su etapa de alto cargo en ese Ministerio o si va a permitir que se perpetúe esta injusticia, de manera que estas personas no puedan aspirar en el futuro a una pensión que se han ganado a pulso.

Sin embargo, el dirigente del PP no ha aclarado ni una sola de estas cuestiones en su nueva visita a nuestra provincia, a una Almería a la que solo le tiene apego - esa es la impresión que da - en modo turista. En eso, le ha salido a su jefe. Tal y como le escuchamos recientemente en el Congreso, a Rajoy solo parece importarle el clima que tenemos; que sí, que es muy bueno, pero solo con eso no vamos a llegar muy lejos. Almería comienza a estar muy harta y necesita con urgencia que el Gobierno del Partido Popular ponga fin al castigo al que nos ha sometido durante estos más de cinco años.


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