sábado, 25 de mayo de 2019

Democracia en los ayuntamientos

El 3 de abril de 1979 fue martes. La prensa informaba aquel día del fracaso de una suscripción popular realizada en Córdoba para levantarle una estatua a Franco. En Galicia, se pedía que los funcionarios del Estado supieran hablar gallego. El Valladolid y el Burgos habían empatado en el partido de ida de la Copa y un profesor australiano, un tal E. R. Owen, vaticinaba que, a la vuelta de diez años, sería posible operar a los bebés antes de que nacieran.

En nuestros pueblos y ciudades abundaban las calles sin asfaltar. El suministro de agua potable no llegaba a todas las viviendas. Faltaba alumbrado público. Faltaban centros de salud y colegios. Después de cuatro décadas de dictadura, casi todo estaba por hacer.

Aquel 3 de abril de 1979 iba a ser una fecha histórica. Los españoles estaban llamados a votar en las primeras elecciones municipales de una Democracia que por entonces daba sus primeros pasos. Desde las elecciones municipales de 1931, en plena República, no se habían vuelto a celebrar unos comicios municipales. Durante los 40 años de la larga noche franquista, había sido el régimen el encargado de poner y quitar representantes municipales de manera arbitraria.

En Almería, los almerienses iban a poder decidir el reparto de los 972 concejales correspondientes a los 102 municipios de entonces, entre los que se encontraban Darrícal y Benínar, mientras que no figuraban aún Dalías, El Ejido ni Balanegra.

Aquella fue una jornada emocionante para tantos y tantos ciudadanos que estaban ansiosos de aires de libertad. Aquellos ciudadanos entendieron que la política era la mejor herramienta posible para cambiar la vida de la gente, como lo sigue siendo hoy en día.

De aquel 1979 en el que los españoles estrenamos tantas cosas han pasado ya 40 años. Yo era un niño, como lo eran muchos de los lectores de esta columna. Otros, incluso, no habían nacido. El relato que hago de aquella época apasionante tiene, por lo tanto, mucho del recuerdo prestado por los hombres y mujeres que, siendo adultos, protagonizaron aquellos primeros años de nuestra Democracia y a los que les debemos tanto.

Aquellos hombres y mujeres se la jugaron por defender sus ideas. Lo dieron todo para que sus pueblos y sus ciudades progresaran. Fueron valientes porque lo que estaba en juego era mejorar la vida de sus vecinos y vecinas; que hubiera colegios, que hubiera centros de salud, agua potable, alumbrado, cultura.

Los tiempos han cambiado, pero la labor de los ayuntamientos sigue siendo igual de importante y la labor que realizaron aquellos hombres y mujeres que entregaron varios años de su vida a la política la continúan hoy esos hombres y mujeres que, 40 años después, se presentan a estas elecciones municipales.

En unos tiempos en los que la actividad política está tan denostada, creo que es necesario reivindicar su imprescindible papel para el progreso de las sociedades. También las buenas formas a la hora de ejercerla con educación, respeto, honestidad, diálogo y acuerdo. Estas deben ser actitudes imprescindibles en un cargo público que aspire a representar a sus conciudadanos.

Cuando la ciudadanía no actúa, lo hacen otros: los poderes económicos y las oligarquías. Por eso es tan importante que haya vecinos y vecinas de cada uno de nuestros pueblos y ciudades que den un paso adelante para trabajar desde los ayuntamientos y por eso es tan importante que el resto vayamos a votar. Por la salud de nuestra democracia, por respeto a quienes tanto han entregado para que podamos disfrutarla y porque en ello nos va nuestro futuro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario