lunes, 20 de febrero de 2012

El candidato a embajador


Acabamos de ver cómo el Parlamento europeo se ha puesto del lado de los intereses de los países del norte y centro de Europa, dando el “sí” a la firma de un nuevo Acuerdo con Marruecos que perjudica seriamente a la agricultura de Almería. El Gobierno andaluz, desde el minuto uno, ha puesto todo su empeño en frenar este acuerdo, realizando múltiples gestiones, incluidas visitas a las sedes comunitarias en Bruselas y Estrasburgo, para que los eurodiputados se opusieran a la firma de dicho convenio.
Ha sido muy tibia la posición del Ministro de Agricultura, que no ha sido capaz de rechazar públicamente con contundencia el nuevo acuerdo, y la de Javier Arenas que no ha pedido públicamente a los parlamentarios del Partido Popular Europeo, que son la mayoría en ese Parlamento, que voten “no”.

Arias Cañete, Arenas y la delegada del Gobierno en Andalucía ya defendieron este acuerdo cuando se firmó en tiempos del Gobierno de Aznar, en el año 2000, afirmando que no perjudicaba al sector y animando incluso a los empresarios de Almería a comercializar juntos con los de Marruecos.

El pasado domingo Javier Arenas decía que si era elegido Presidente de la Junta de Andalucía sería el embajador permanente de la agricultura de Almería en Bruselas. Digo yo que podía haber hecho algo durante estas últimas semanas, si tanto ama a nuestra tierra y sus gentes, moviendo algún músculo para convencer a los parlamentarios del Partido Popular Europeo, pero no ha hecho nada.

El colmo ha sido la justificación por parte de Arenas del voto en bloque a favor del acuerdo de los parlamentarios de la derecha europea, en la herencia recibida de Rodríguez Zapatero, como si este hubiese sido el que ha pulsado el botón del “sí” en el Parlamento Europeo y no los eurodiputados del Partido Popular Europeo.

En este asunto, “el trío de la tomatina”, Rajoy, Arias Cañete y Arenas, ha quedado retratado una vez más, ya que los únicos que podían aprobar o rechazar el acuerdos eran los populares europeos, que son la mayoría en ese Parlamento, sobre los que este trío no tienen ni peso ni influencia alguna, como ha quedado patente.

Ahora toca mirar al futuro y salir adelante exigiendo un cumplimiento estricto del convenio aprobado, sin renunciar a su posible impugnación judicial, a la vez que debemos ir pensando en corregir, vía compensaciones, los desequilibrios que en la libre competencia provoca este Acuerdo, para lo cual sería aconsejable que el candidato a embajador se emplease a fondo con los suyos, aunque quizás para esto la herencia también sea buena excusa.

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