sábado, 14 de diciembre de 2013

Rajoy no nos representa


Mariano Rajoy ha vuelto a rozar el ridículo – si es que no lo ha traspasado ya del todo – esta semana en los funerales del que fuera presidente sudafricano, Nelson Mandela. En Johannesburgo, en un momento conmovedor por la talla de la extraordinaria figura a la que se rendía homenaje, Rajoy no tuvo otra ocurrencia que destacar que “este estadio de fútbol en el que se va a despedir a Mandela es el estadio donde España además se proclamó campeona del Mundo (…) con lo cual es realmente un momento muy bonito y muy emocionante" ¿Cómo se puede llevar un comentario sobre el funeral de Mandela a un terreno tan absurdo? ¿Se puede ser más inconsistente? ¿Puede representar a los españoles y a España alguien que suelta lo primero que se le ocurre? Sinceramente, creo que no, que Rajoy no nos representa.


La vacuidad del mensaje del presidente del Gobierno, no solo por esta metedura de pata sino también por otros grandes atropellos que se remontan incluso a cuando era ministro de Aznar y aseguró que del hundido Prestige solo salían unos hilillos de plastilina, refleja muy bien la medida y la altura de quien está dirigiendo los designios de este país: una persona ajena a la realidad que ha hecho escuela de la obviedad, con un discurso político ultraconservador y que hace un seguidismo de la política alemana como nadie en Europa, ligando el futuro de España a que “Alemania tenga claro hacia dónde vamos”. Y lo que es peor, destaca entre otros muchos líderes del viejo continente como el principal abanderado de la política de destrucción masiva del Estado del Bienestar.

Rajoy no nos representa ni en lo mencionado anteriormente ni tampoco en otras muchas cosas, porque muy pocos españoles se reconocen ya en un país que fue todo un ejemplo por sus extraordinarios avances en Sanidad, Educación e Igualdad de Oportunidades y que ahora pelea por no descender algún escalón más en esa escalera que lleva a muchos ciudadanos a un callejón sin salida. Tampoco nadie se ve reflejado en una España donde las corporaciones locales van a perder capacidad de decisión a la hora de atender a sus vecinos en una materia tan sensible y necesaria como los servicios sociales. Con su reforma local, el Partido Popular vaciará de competencias a los ayuntamientos para que se fortalezcan de alguna manera las diputaciones provinciales, lo que conllevará la privatización de servicios públicos que se prestan a la ciudadanía desde el ámbito municipal. Nadie quiere eso.

En esta España en la que el rascacielos de los derechos se ha transformado en un solar en venta, el Gobierno del PP nos quiere también devolver aún más al pasado con la Ley de Seguridad que pretende aprobar, como en tantas otras cuestiones, sin consenso alguno. La propuesta del PP se asemeja más a una ley de represión ciudadana, en la que se recortan derechos fundamentales, que a otra cosa.

Si hasta ahora la derecha había encajado mal las protestas de los ciudadanos, ahora lo que pretende es prohibirlas directamente y, entre medias, favorecer a los suyos, insaciables a la vista de las últimas decisiones del Ejecutivo popular. Rajoy, con el Proyecto de Ley de Seguridad Privada que ha aprobado la Comisión de Interior del Congreso, renuncia también a seguir concibiendo la seguridad como un derecho para convertirla en un negocio. Otro más que echar al saco de los muchos tíos gilitos que se frotan las manos con cada paso que da este presidente que, digámoslo claro una vez más, no nos representa.

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