sábado, 29 de octubre de 2016

El bloqueo de las instituciones

Este fin de semana acaba el tiempo en el que la política ha estado pensando más en el interés de los partidos que en el interés de los ciudadanos, que dicho sea de paso es lo único que da sentido a la política: su utilidad para la sociedad en la que se ejerce.

Estos días atrás, un amigo me resumía en un correo electrónico todo lo anterior con una frase: se ha acabado el bloqueo y se pueden cambiar muchas cosas. Esta reflexión viene de alguien que no es político, pero con el que hemos trabajado para cambiar varias leyes en España, beneficiando a muchas familias de todo el país, y que me planteaba nuevos cambios en algunas normas estatales para ayudar a dar respuesta a problemas que tienen otras muchas familias.

Durante estos últimos meses se ha puesto de manifiesto cómo en nuestra sociedad conviven dos formas de entender la política: la que se pone al servicio de los partidos o al del interés de la sociedad. Si en estos meses no ha habido un gobierno ha sido porque, precisamente, la política ha estado más al servicio de los partidos que de otra cosa.

Ejemplos habría muchos donde apoyar esta reflexión. En primer lugar, la vergonzosa espantada de Rajoy como candidato a la investidura hasta finales de agosto. El segundo de ellos hay que situarlo en el error histórico cometido por Podemos (e IU) en su bautismo parlamentario el pasado mes de marzo, cuando Iglesias y Garzón, en lugar de apoyar un gobierno progresista que podía cambiar las políticas de Rajoy en beneficio de la sociedad, rivalizaron con la derecha en descalificaciones y graves acusaciones contra los socialistas. Por último, Ciudadanos tampoco ha ayudado en nada a desbloquear la situación al negarse sistemáticamente a un gobierno que tuviera relación con Podemos.

La esperanza del cambio que la gente quería, que la gente votó y con el que llegamos a ilusionarnos, se volatizaba porque nunca fue una verdadera opción para estos partidos. De hecho, el líder de la formación morada utilizó los meses posteriores a aquel 4 de marzo para aniquilar a Izquierda Unida y preparar las segundas elecciones, entregado en cuerpo y alma a su única ambición y obsesión: superar y sustituir al PSOE, en lugar de centrarse en trabajar para ser útil a la sociedad. De esa maquinación, la derecha salió fortalecida tras las segundas elecciones.

Tras diez meses sin gobierno, tras dos procesos electorales de por medio y tras dos investiduras fallidas, una de derechas y otra de izquierdas, las preguntas que se hacía la inmensa mayoría de los españoles eran: ¿Estos políticos no son capaces de desbloquear la situación? ¿Serán capaces de llevarnos a terceras elecciones porque no se ponen de acuerdo? Así de simple y así de complejo.

Así de complejo porque los nuevos partidos que dicen haber venido a hacer política para servir a la gente resulta que se vetaban entre sí e impedían cualquier gobierno alternativo, que tenía que contar con ellos para cambiar en profundidad las políticas aplicadas por el PP desde diciembre de 2011 en España. Y así de simple porque un gobierno pentapartito, que estuviera en las manos de quienes quieren separarse de España, era inasumible.

¿Se podía desbloquear la situación sin ir a unas nuevas elecciones? ¿Qué querían los ciudadanos? ¿Eran más bien algunos partidos o una parte de algunos partidos los que querían unas nuevas elecciones?

La respuesta no era sencilla para nadie, y especialmente para aquellos que de ninguna forma queríamos un nuevo gobierno de Rajoy. Pero ante esa situación, el PSOE ha decidido desbloquear la situación, que no tengamos nuevas elecciones y pasar a ejercer una oposición útil al servicio de la sociedad. Esta es la razón de ser de un partido con 137 años de historia, que no nació para estar exclusivamente en la protesta, sino para transformar nuestro país en una sociedad lo más justa posible, unas veces desde el gobierno otras veces desde la oposición, pero siempre al servicio del progreso de la sociedad española.

Sinceramente, estoy convencido de que el PSOE ha tomado el mejor camino posible. Que comiencen a funcionar las instituciones será muy beneficioso para la sociedad española y permitirá también que la oposición, con el PSOE a la cabeza como partido mayoritario, empiece a hacer su trabajo, llevando la iniciativa en un Parlamento sin mayorías. El acuerdo y el diálogo desde posiciones progresistas serán fundamentales a partir de ahora para marcar una agenda que recomponga todo el daño que Rajoy le ha hecho a este país. Ahí nuevamente se verá quién está sólo en el interés partidista y quién lo está en el de la sociedad.

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