Como a la mayoría, este jueves por la noche, pasadas las nueve, se me heló el corazón. Era el momento en el que los medios informaban del asesinato de una joven sevillana a manos de su expareja y sobre el hallazgo del cadáver de Olivia, de seis años. La pequeña apareció en una bolsa. En el mar. Se confirmaban así todas las sospechas. La terrible noticia ha sacudido al país y ha conmovido a la sociedad, pero hay una persona que no se recuperará jamás, su madre. No puedo imaginar ni expresar el dolor que debe sufrir Beatriz, quien diera la vida a esta niña cuya muerte también le mata a ella. Su propia hija ha sido utilizada como instrumento de tortura para infligirle un dolor inimaginable y extremo que le durará toda la vida.






