sábado, 22 de octubre de 2016

Las amistades peligrosas

El Debate sobre el estado de la Comunidad que hemos vivido esta semana en el Parlamento andaluz ha puesto de relieve, una vez más, el compromiso de la presidenta de la Junta de Andalucía con el fortalecimiento de los servicios públicos y el mantenimiento de las políticas destinadas al fomento del empleo. De un lado, Susana Díaz anunciaba el crecimiento del Presupuesto andaluz para 2017 en las partidas destinadas a Salud, Educación e Igualdad y, de otro, la oferta de 5.500 plazas de empleo público, de las que la mitad estarán destinadas al ámbito sanitario y el resto a educación.

Se puede estar más o menos de acuerdo con algunas de las decisiones adoptadas por el Gobierno andaluz, discrepar por aquellos errores que se hayan podido cometer, pero de lo que nadie puede dudar es del sentido social que imprime el Gobierno de Susana Díaz a todas las políticas que está desarrollando. Ese impulso, además, se está realizando desde la estabilidad política que tiene Andalucía- sustentada en el acuerdo y el diálogo para garantizar, durante dos años consecutivos, los presupuestos que necesitan los andaluces y andaluzas- frente a la convulsa situación que vive el país desde las elecciones del 20 de diciembre de 2015, hace ya más de 300 días.

Y todo esto en un contexto económico muy complicado en el que Andalucía no está recibiendo del Estado el dinero que le corresponde, casi 4.700 millones de euros de déficit en los últimos años, con los que sustentar servicios públicos fundamentales en condiciones de igualdad. Sin embargo, nada de esto le interesaba al Partido Popular, ni a Podemos o a Izquierda Unida, más centrados, a la vista de sus discursos, en atacar a la presidenta de la Junta y a los socialistas que en aportar soluciones o defender los intereses de los andaluces.

Efectivamente, se hace muy difícil de entender el debate bronco protagonizado por Podemos e Izquierda Unida, unas formaciones políticas cuyo único objetivo parece estar centrado en hacer oposición al PSOE de forma obsesiva, actuando como muleta de la derecha cada vez que se les presenta la oportunidad. De esta manera, se han convertido en esa izquierda radical que tanto le gusta al Partido Popular y que ha permitido a Rajoy sacar más escaños tras las elecciones celebradas el pasado mes de junio.

Podemos e Izquierda Unida tuvieron en sus manos impulsar un gobierno progresista; pudieron votar a favor o incluso abstenerse, pero la realidad es que votaron no junto al Partido Popular. Al impedir ese gobierno, alineándose con Rajoy en el no a Pedro Sánchez, Podemos buscó unas segundas elecciones sin pensar en lo que era bueno para este país, puesto que su único objetivo fue bloquear la investidura, por encima de cualquier otra cosa, y situarse –a eso aspiraba– por delante del PSOE en la siguiente convocatoria electoral ¿O acaso nadie recuerda ya las furibundas intervenciones de Iglesias contra el candidato socialista en el Congreso de los Diputados? Y ahí siguen, instalados en una obcecación irracional contra el PSOE que solo provoca la división de la izquierda, lo que hace irremediablemente más fuerte a la derecha.

Esa misma estrategia anti PSOE es vieja y habitual en el Parlamento andaluz desde el mismo momento en el que el PSOE ganó con claridad las elecciones andaluzas de marzo de 2015. Dos ejemplos claros de ello son, por un lado, el rechazo de Podemos y Partido Popular para que Andalucía no tuviera un gobierno socialista presidido por Susana Díaz y, por otro, lo ocurrido en las votaciones del Debate del estado de la comunidad de esta semana, donde Podemos votó hasta en 25 ocasiones a favor de las propuestas del Partido Popular. Definitivamente, hay amistades que pueden llegar a ser muy peligrosas.


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